Toda instalación tiene que pasar por algún sitio. La electricidad, el agua, el aire acondicionado, los datos… todo eso necesita un recorrido. Y muchas veces ese recorrido va por dentro del hormigón.
Ahí es donde entran las rozas.
Parece un trabajo menor —al fin y al cabo es «hacer un canalito»—, pero como solemos decir en Ansara Taladros, hacer una roza en hormigón sin criterio es una de las formas más fáciles de tocar lo que no se debe. Y el hormigón, a diferencia del ladrillo, no perdona…
Cuéntanos tu caso y te decimos cómo lo plantearíamos: qué técnica encaja, qué precauciones tomar y cómo hacerlo con el mínimo ruido, polvo y vibración. El primer consejo es gratis… y suele ahorrar muchos problemas.
¿Lo tuyo es escribir? También en el 917 963 806 o en info@ansarataladros.com
Qué es una roza
Antes de profundizar en el tema, creemos importante explicar que una roza es un canal que se abre en un paramento para alojar una instalación: un tubo, un cable, una conducción. Hasta aquí, nada raro.
El problema es que no es lo mismo rozar un tabique de ladrillo que rozar hormigón armado. En el ladrillo te llevas por delante material y poco más. En el hormigón, por el contrario, debajo de esa superficie hay armadura, de ahí que cortar un redondo «sin querer» es justo lo que no puede pasar.
En este sentido, cabe señalar que una roza en hormigón no va de abrir rápido, sino de hacerlo con cierto control. Es decir, abrir la profundidad justa, el trazado justo y sin comprometer la estructura.
Dónde aparecen estas rozas
Cada obra es un mundo, pero los usos se repiten. Estos son los más habituales:
- Electricidad y datos: para empotrar cableado, tubos corrugados o canalizaciones.
- Fontanería: para pasar tuberías de agua, desagües o bajantes.
- Climatización: recorridos de tubos para split, conductos o líneas frigoríficas.
- Reformas integrales: donde toca rehacer prácticamente todas las instalaciones del espacio.
Vamos, que las rozas aparecen en casi cualquier reforma que se precie.
El problema de hacerlas «a lo loco»
Por desgracia, más gente de la que podrías pensar tira de radial y rotomartillo. Y a veces sale… hasta que no sale. Los problemas clásicos son tres:
Tocar la armadura
El más grave. Cortar o debilitar un redondo estructural no es un detalle estético: es comprometer cómo trabaja ese elemento.
Polvo por todas partes
La radial en seco dentro de una vivienda o una oficina lo llena absolutamente todo. Y en hormigón, ese polvo es fino y abundante, con lo que te puedes imaginar lo molesto que es.
Cortes imprecisos
Trazados torcidos, profundidades irregulares, bordes rotos… que luego complican el montaje de la instalación y los remates.
Cómo lo planteamos nosotros
La idea de fondo es la de siempre: en Ansara Taladros no nos enfocamos en abrir rápido, sino de abrir bien. Y eso pasa por seguir una serie de pasos. ¡Veámoslos!
1. Saber qué hay dentro
Antes de abrir, conviene tener una idea de dónde están las armaduras para no llevárselas por delante. Esto, en hormigón estructural, no es opcional.
2. Definir el trazado y la profundidad
Se marca el recorrido y se fija hasta dónde se puede llegar sin comprometer el elemento. Ni más hondo ni más ancho de lo necesario.
3. Corte limpio del canal
En vez de machacar, se definen los bordes del canal con corte de disco. El resultado son dos líneas limpias y un canal con la profundidad controlada.
4. Control del polvo
Y como ya hemos dicho que algún que otro post: corte en húmedo o con aspiración siempre que se pueda. En espacios en uso, esto es innegociable.
Qué técnicas entran en juego
No hay una sola receta, pero estas son las protagonistas:
- Corte con disco de diamante: define los bordes del canal con líneas limpias y profundidad controlada.
- Rozadoras con doble disco y aspiración: abren el canal y recogen buena parte del polvo a la vez.
- Perforaciones con corona: para pasos puntuales de tubos a través de muros o forjados, donde la roza se queda corta.
Los errores que más vemos
A continuación, queremos hablar también de los fallos que se repiten cuando una roza se hace «deprisa y corriendo» (o mejor dicho, sin pensar):
- Rozar hormigón estructural a ciegas, sin saber dónde está la armadura.
- Hacer la roza más profunda de lo necesario «por si acaso».
- Trabajar en seco en un espacio en uso y dejarlo todo perdido de polvo.
- Confundir un tabique con un elemento estructural y tratarlos igual.
En definitiva… a la hora de hacer rozas y canales en hormigón es importante priorizar el control. Saber qué hay dentro, cortar limpio y cuidar el polvo es lo que convierte un trabajo aparentemente menor en una intervención hecha como toca.
Si tienes una reforma o una obra con instalaciones de por medio, aquí tienes más información sobre cómo trabajamos como Empresa de corte de hormigon en Madrid.