Corte de hormigón en parkings y aparcamientos subterráneos
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Corte de hormigón en parkings y aparcamientos subterráneos

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Un parking subterráneo, entre que está medio escondido, que no hay vecinos pegados a la oreja y total, es todo cemento, parece el sitio ideal para cortar hormigón. Sin embargo, quien ha trabajado en uno sabe que tiene su propia lista de complicaciones.

Y no son pocas.

Los techos son bajos, suele tener la ventilación justa, las plazas están ocupadas, con coches entrando y saliendo, y suele tratarse de una estructura donde casi todo lo que ves está aguantando algo.

Vamos, que como solemos decir en Ansara Taladros, el parking es uno de esos entornos que parecen fáciles… hasta que te pones a trabajar.

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Por qué un parking no es un entorno fácil

A primera vista, un aparcamiento subterráneo parece dar vía libre. Pero junta una serie de condicionantes que, sumados, lo convierten en un entorno exigente:

  • Altura libre escasa: los techos suelen estar bajos, lo que limita el acceso de maquinaria y la maniobra.
  • Ventilación limitada: estás bajo tierra, y el polvo y los humos no se van solos.
  • Actividad continua: la mayoría de parkings no cierran; siguen entrando y saliendo coches mientras trabajas.
  • Estructura crítica: pilares, forjados y vigas que sostienen todo lo que hay encima (que muchas veces es un edificio entero).

Vamos, que de «fácil» tiene poco.

El polvo bajo tierra: un problema multiplicado

En un espacio cerrado y mal ventilado, el polvo del corte no tiene por dónde escapar. En este sentido, se queda flotando, se mete por todas partes y afecta tanto a quien trabaja como a los usuarios que siguen usando el aparcamiento.

Por eso, en un parking, el control del polvo no es opcional. El corte en húmedo y la aspiración pasan de ser «recomendables» a ser imprescindibles. Y, como vimos en otro post, si se corta en húmedo, toca también gestionar bien el agua y el lodo que se genera (que bajo tierra tampoco se va solo).

En este sentido, cabe señalar que aquí el reto doble es ese: ni polvo en el aire, ni regueros de lodo por el suelo.

La altura libre lo condiciona todo

Este es uno de esos detalles que parecen menores y que lo cambian todo. En un parking, el techo está donde está, y muchas veces no da margen para maquinaria grande ni para maniobrar con holgura.

Eso obliga a elegir equipos que trabajen bien en espacios ajustados y a planificar muy bien el acceso, el movimiento y la retirada de las piezas cortadas. Como te puedes imaginar, no es lo mismo sacar un trozo de losa en un sitio diáfano que hacerlo entre pilares, con el techo a un palmo y coches aparcados al lado.

Cuidado con la estructura: aquí casi todo aguanta

Un parking subterráneo es, casi siempre, la base sobre la que se levanta lo de arriba. Sus pilares y forjados no están de adorno: sostienen plantas, viviendas, oficinas… el edificio entero, en muchos casos.

Por eso cualquier corte en elementos estructurales de un parking se plantea con el máximo respeto: estudio previo, apeos si hacen falta y técnicas sin impacto que no comprometan lo que está aguantando. Aquí, una vibración mal medida o un corte donde no toca puede tener consecuencias que van mucho más allá del propio aparcamiento.

Trabajar sin cerrar el parking entero

Y luego está el detalle de que la gente quiere seguir aparcando. Cerrar un aparcamiento entero rara vez es una opción, así que el trabajo se adapta:

Trabajo por fases y por zonas

Se acota la zona de actuación y se trabaja por partes, dejando el resto del parking operativo. Una plaza menos es asumible; cerrar entero, casi nunca.

Coordinación de horarios

En muchos casos se eligen las franjas de menos movimiento para las fases más ruidosas o molestas. Cuestión de molestar lo mínimo.

Delimitación y seguridad

Separar bien la zona de trabajo del tránsito de coches y personas es básico. Aquí conviven la obra y los usuarios, y eso hay que gestionarlo.

Los errores que vemos en estos trabajos

A continuación, queremos hacer mención de los fallos más típicos que desgraciadamente se producen en muchas obras al cortar en un parking:

  • Subestimar el polvo «porque está bajo tierra» y acabar con todo el parking (y los coches) cubiertos.
  • No tener en cuenta la altura libre hasta que la máquina no entra donde tenía que entrar.
  • Tocar estructura sin estudio previo ni apeos, olvidando lo que hay encima.
  • No coordinar con los usuarios y montar un conflicto con quien quiere sacar el coche.

Como casi siempre, ninguno es culpa del hormigón. Es de no haber planificado. De ahí la importancia de confiar en una empresa con experiencia como Ansara Taladros.

Y aquí, como siempre, manda la experiencia

Porque trabajar en un parking en uso, con techos bajos, ventilación justa y una estructura que sostiene un edificio entero no se improvisa. Saber elegir el equipo que entra y maniobra, controlar el polvo y el lodo, y respetar la estructura es justo lo que hace que el trabajo salga sin sobresaltos.

Para nosotros, un buen trabajo en un parking es ese que termina con el corte hecho, la estructura intacta… y la mayoría de usuarios sin haberse enterado de que había obra.

Así que, si has llegado hasta el final del post y tienes una intervención en un aparcamiento entre manos, aquí tienes más información sobre cómo trabajamos como Empresa de corte de hormigon en Madrid.

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